Luis - Risorgimento nelle Langhe, aristocrazia e comunismo

Muerte del presidente de la Republica

Montevideo, 25 de agosto de 1897, frente al club Uruguay instantes previos al magnicidio perpetrado por Avelino Arredondo Terminado el Te Deum y la despedida de los invitados en el atrio del Templo, la comitiva se puso en marcha a pie, hacia la Casa de Gobierno. Delante de la comitiva, y de acuerdo con la ordenanza militar, marchaban unos cuantos soldatos de la escolta.

El pueblo, que presenciaba el desfile era bastante numeroso, sobre todo en la parte interior de la plaza. Vibraron en el aire los acordes del hinmo nacional y la columna, con el senor Borda y sus ministros a la cabeza, se puse en marcha por la calle Sarandi'.

Alli' estaba formado, haciendo frente al Sud el plantel de artilleria de plaza, con sus piezas respectivas, quedando, por lo tanto, muy poco espacio en la calle para transitar.

Un poco antes de llegar la comitiva frente a la puerta del Jockey Club, el ministro de Gobierno, que caminaba junto al borde de la vereda, a la derecha del senor Idiarte Borda, advirtio' que detras venia el senor Arzobispo, Monsenor Soler, retirandose un poco a retaguardia le invito' a colocarse entre el y el presidente de la Republica. Incorporado el senor Arzobispo y en momento que este estrechaba la mano al senor Stewart, se oyo' una detonacion de arma de fuego, seca, breve.

El senor Arzobispo al oir la detonacion miro' al senor Idiarte Borda y viendo que se colocaba las manos en el pecho le pregunto' que tenia, manifestando el presidente que se moria.

Monsenor Soler le dijo entonces, "quiere que le de' la absolucion senor presidente?" a lo que el herido contesto' afirmativamente. "Dispongase entonces", le dijo el digno Prelado, "haga arrepentimiento de todos sus pecados e invoque el nombre de Dios".

El senor Idiarte Borda, dijo entonces "Dios mio!", esas fueron sus ultimas palabras pues fallecia en momentos que nuestro Metropolitano lo absolvia echandole la bendicion papal, para lo que tiene autorizacion especial que le ha concedido Su Santidad en su ultimo viaje a Roma.

Mientras esto sucedia, dificil es narrar lo que ocurria.

El presidente de la Republica caia en brazos del Arzobispo de Montevideo, y del presidente de la Camara, senor Stewart, herido mortalmente; siendo sostenido por detras por el coronel Rosendo Ferreira, que seguia de cerca a aquel funcionario. El coronel Borda, hermano del presidente, dandose cuenta del crimen cometido, echaba mano a su revolver y atropellaba al autor del hecho, mientras una voz, que se dice fue' la del juez de instruccion doctor Bastos, lo detenia diciendole: "No lo mate! Y menos usted coronel!"

Al propio tiempo, porque todo esto ocurrio' simultaneamente, la escolta presidencial cargaba a lanza y sabel el grupo que estaba estacionado en la vereda del Bazarcito y del Jockey Club, y entre el cual se encontraba el heridor del senor Borda, produciento el desbando consiguiente y el panico en el resto de la concurrencia que habia en la plaza.

Un soldado de la escolta, que seguramente vio' la accion del sujeto que hizo el disparo, revolco' la lanza en lo alto y lo atropello' con el intento de herirle, siendo detenido por el ministro de la Guerra, general Luis E. Perez, que exponiendose a ser herido, echo' mano al arma de aquel y le impidio' realizara su proposito. Entretanto, un agente de seguridad llamado Ricardo de la Sota, que tenia encargo de vigilar de cerca al presidente de la Republica, se abalanzaba al heridor y le apuntaba con su revolver a la cabeza, siendo tambien detenido por el ministro de la Guerra, general Perez, que le quito' el arma y le volco' las balas, rapidamente, procediendo en seguida a desarmar al homicida y entregarlo a la autoridad. El momento fue' de confusione.

El senor Idiarte Borda, que primero habia caido sobre lo brazos del senor Arzobispo, quedo' durante un momento casi de rodillas. La carga que hizo la escolta fue' tan brusca, que trataban de auxiliar al herido y detener al heridor. La escolta avanzo' sobre el grupo y obligo' a Monsenor Soler a refugiarse entre las piezas de artilleria para evitar que lo atropellaran los caballos.

Preso el heridor, se recogio' el cuerpo y se le traslado' a la jefatura politica, siendo conducido por don Duncan Stewart, el coronel Borda y el general Flores. El ministro de Gobierno procedio' con gran entereza, lo mismo que el jefe politico, que se hicieron cargo del homicida y lo llevaron a la carcel central.

De las muchas versiones que han circulado respecto a el modo en que fue' muerto el senor Idiarte Borda, esta es la que conceptuamos mas veridica.

Preso el heridor y despejado algo el sitio donde ocurrio' el suceso, se trato' de llevar al senor Borda a la jefatura politica. Se le tomo' en brazos y se le condujo cuidadosamente al despacho del secretario del jefe politico, senor Benjamin Fernandez y Medina, colocandosele en un sillon que alli' existe.

El cuerpo fue' guardado por la escolta. Ya estaba muerto! Inmediatamente entro' el doctor Aulicini y un practicante del Hospital de Caridad y trataron de ver si le quedaba aun un resto de vida. Se creyo' que no abia espirado todavia, pero pronto se constato' la horrible realidad. Se le desabrocho' la pechera, que aparecia manchada de sangre, y se constato' que bala habia penetrado entre la cuarta y quinta costilla, yendo a fijarse en lo que se llama cayado de la orta. El tiro fue' disparado de cerca, y el proyectil entro' oblicuamente, produciendo una hemorragia interna que causo' la muerte casi instantanea. El rostro adquiro' un tinte palido y los miembros adquirieron la rigidez del cadaver. El doctor Fernandez Espiro, que tambien concurrio' a la jefatura, extrajo' conjuntamente con otros facultativos el proyectil homicida. Momentos despues el cadaver era pasado al despacho del jefe politico, siendo cubierto con la bandera del batallon Urbano.

Mas tarde se acordo' llevarlo a la casa de la familia subiendolo a la casa de la familia subiendolo al carruaje el senor Gregorio Sanchez y el senor Alfredo Nebel, que lo acomodaron en el, colocandolo en el asiento de atras; el de adelante lo ocupaba el joven Juan Idiarte Borda, que llego' al cabildo momentos antes y que conocio' la noticia del modo mas casual.

Fue el primer miembro de la familia que supo la fatal nueva.

Avelino Arredondo

Realizado su intento, el asesino fue' rodeado por un grupo compacto de gente, lo que impidio' que uno de los lanceros de la escolta lo ultimara y consiguio' que solo le hiriera levemente de un puntazo en la cabeza y otro en el hombro derecho.

Mientras el soldado se obstinaba en matarlo, se oyeron voces de "que lo mate", "que no lo mate". El ministro de Gobierno intervino entonces y el lancero ceso' en su empeno.

Arredondo aparentaba la mayor sangre fria y cuando se hicieron cargo de el los empleados de policia senores Russo, Salmeron, Rousserie y Resucho, cuentan que les dijo: "No se apuren, yo no me voy".

Una vez en el Cabildo fue' conducido a un calabozo con las formalidades de practica.

En seguida el juez de instruccion doctor Bastos principio' a levantar el sumario y he' aqui' los datos que hemos podido recoger en buena fuente, referentes a las declaraciones del asesino: "Es un hecho aislado", dijo, "en el cual no hay nadie comprometido. Yo acariciaba desde ahce seis meses mas o menos, la idea de matar al presidente de la Republica, y a fin de no comprometer a nadie, vivo desde entonces apartado de mis relaciones".

Preguntando sobre cual era la causa que lo habia inspirado a atentar contra la vida del presidente, dijo: "Lo he hecho porque entendia que asi' haria la felicidad de mi pais; no tenia con el ni con los sayos mingun resentimiento personal".

Preguntando a que partido politico pertenecia, dijo ser colorado, pero, ni exaltado ni intransigente, y agrego', que condanaba la revolucion y que a si juicio el anarquismo era un crimen.

Todo esto lo dijo con el tono de un hombre convencido y acusando una presencia de animo sorprendente.

Respecto del arma nada se le ha podido hacer declarar, pues se limita a decir que la encontro' tirada en la calle, cargada con las doce balas de que estaba munida.

Dejo' entrever tambien que el fracaso del atentado de Rabecca contra el senor Idiarte Borda, fue' lo que le hizo demorar hasta anteayer la consumacion del suyo.

En la casa mortuoria

En el gran salon que da' a la calle 18 de Julio se habia levantado la capilla ardiente, era muy sencilla. Solo el frente del salon estaba tapizado de negro. Durante todo el dia y la noche la casa estuvo muy concurrida.

Anteayer se permitia la entrada a todo el mundo. La concurrencia entraba por la puerta de la derecha y salia por la de la izquerda. Pero desde ayer de manana a las nueve solo se consentia a los amigos y conocidos. La vereda de enfrente estaba atestada de curiosos.

La casa estaba enlutada desde la puerta principal. En el extremo del salon principal transformado en camara ardiente,s e encontraba el cuerpo del ex-presidente, envuelto en la bandera nacional, estaba tendido en un magnifico feretro de jacaranda' forrado de seda violeta, con abrazaderas de plata.

El velorio estuvo muy concurrido hasta las 2 de la manana. Entre los concurrentes, se veia a los ex-ministros, senadores, diputados, diplomaticos, militares, empleados, etc.

Hacian la guardia de honor fuerza del 4^ de cazadores.

A las 4 de la manana quedaban en la sala muy pocas personas.

Han enviado tarjetas de pesame los senores Maximo Lira, Joaquin Leyte de Foyos, Guillermo Galli, Ramona C. Farias, Alejandro Vazquez, Juan A. Sarachaga, P. Paredes Morales, Adolfo del Campo, Leopoldo Mancini, Olegario Navas, Horacio Pineyrua, Eduardo Chiappori, Jose' Calatayud, Arturo E. Gonzalez, Eugenio F. Fraga, Solano Torres y Cabrera, Elena de la Bandera, Luis Arteaga, Antonio Lopez Calvete, Florencio Escardo', Fortunato Flores, Julian E. Igonnet, Camila M. de la Labandera, Ricardo Espalter, Angel L. Vidal, Emilio Dellepiani, Eradio Tribocci, Meliton Gonzalez, Alberto Fialho, Alejandro Paz, Le Prince Raoul Wrede, Eduardo Thornton, M. Romero Horne, Rodolfo Bernasconi, Henry des Portes de la Fosse, Hector Vazquez, conde Pedro Antonelli, Bernardo Suarez, Arturo V. Rodriguez-Cruz Cerezo, Mercedes L. de Montero, J. Arechavaleta, Otto Reil, Eugenio F. Fraga, Y. Larrain Irazabal, Le Baron F. de Metzingen, Jose' Barreira y Perez, Antonio Manzanedo, Carlos E. Rogberg, Miguel Wies, y otros.

El Bien de Montevideo, 27 de agosto de 1897

(El Bien de Montevideo, 27 de agosto de 1897)


Mensaje secreto

Mensaje secreto (Avelino Arredondo)

Prontarisposta - Alssenor Risani

Heinrich von Battenberg, Avelino Arredondo, Placido Risani