Luis - Risorgimento nelle Langhe, aristocrazia e comunismo

Avelino Arredondo

Heinrich von Battenberg, Avelino Arredondo, Placido Risani

Dematteis, Patetta, Battaglino, Dogliotti

Del cotidiano El Bien del 27 de agosto de 1897:

Avelino Arredondo, Vincenzo Dematteis, Carlo Dogliotti, Placido Risani

Jose' Dematteis, nacido en Santa Giulia (Italia) el dia 6 de diciembre de 1852:

Santina Patetta (esposa de Jose' Dematteis), nacida en Scaletta Uzzone (Italia) el dia 2 de noviembre de 1858:

Aurelio Julio Dematteis (hijo de Jose' Dematteis), nacido en Montevideo el dia 20 de agosto de 1896:

Consuelo Battaglino (sobrina de Santina Patetta), nacida en Gottasecca (Italia) el dia 23 de marzo de 1880:

Gioacchino Dogliotti (nato a Denice) e sua moglie Maria Anna Battaglino (nata a Serole) si recavano regolarmente in carcere a trovare il loro grande amico Avelino Arredondo (il magazzino in cui Avelino lavorava era quello di Jose' Dematteis cognato di Secondina Patetta cognata di tale Maria Anna Battaglino).

Dopo aver vissuto qualche anno tra Francia e Italia, con una figlia nata a Gottasecca che ebbe come madrina la pronipote del poeta rivoluzionario Jacopo Amedeo Ravina, Gioacchino e famiglia si stabilirono in Uruguay.

Arredondo costrui' in prigione un fermacarte con le iniziali "CD" di Carlo Dogliotti, il figlio di Gioacchino che nacque nel 1899. Tali lettere indicavano anche Cado' (soprannome di Placido Risani) e il fratello di Gioacchino chiamato anche lui Carlo (Ca.Do., Carlo Dogliotti) che fu parte della moltiplicazione di identita' avvenuta nel 1858, quando Placido Risani fu battezzato a Savona e nei giorni seguenti avvenne il battesimo a Dego del sopracitato Ca.Do. (madrina del battesimo donna Giorgia dei marchesi Del Carretto):

Lenzi, Rabellino, Scarrone, Rodino, Piria

Avelino Arredondo, cuando al principio tuvo que elegir un defensor de oficio lo eligio' a Carlos Eduardo Lenzi, cunado de Carmen Rabellino, prima de Bartolomeo Scarrone, cunado de Jose' Rodino, suegro de Francisco Piria y primo de Maria Giovanna Astesiano, tia-abuela politica de Placido Risani: Carlos Eduardo Lenzi (defensor de oficio de Avelino Arredondo), cunado de Carmen Rabellino, prima de Bartolomeo Scarrone, cunado de Jose' Rodino, suegro de Francisco Piria y primo de Maria Giovanna Astesiano, tia-abuela politica de Placido Risani

Muerte del presidente de la Republica

Montevideo, 25 de agosto de 1897, frente al club Uruguay instantes previos al magnicidio perpetrado por Avelino Arredondo Terminado el Te Deum y la despedida de los invitados en el atrio del Templo, la comitiva se puso en marcha a pie, hacia la Casa de Gobierno. Delante de la comitiva, y de acuerdo con la ordenanza militar, marchaban unos cuantos soldatos de la escolta.

El pueblo, que presenciaba el desfile era bastante numeroso, sobre todo en la parte interior de la plaza. Vibraron en el aire los acordes del hinmo nacional y la columna, con el senor Borda y sus ministros a la cabeza, se puse en marcha por la calle Sarandi'.

Alli' estaba formado, haciendo frente al Sud el plantel de artilleria de plaza, con sus piezas respectivas, quedando, por lo tanto, muy poco espacio en la calle para transitar.

Un poco antes de llegar la comitiva frente a la puerta del Jockey Club, el ministro de Gobierno, que caminaba junto al borde de la vereda, a la derecha del senor Idiarte Borda, advirtio' que detras venia el senor Arzobispo, Monsenor Soler, retirandose un poco a retaguardia le invito' a colocarse entre el y el presidente de la Republica. Incorporado el senor Arzobispo y en momento que este estrechaba la mano al senor Stewart, se oyo' una detonacion de arma de fuego, seca, breve.

El senor Arzobispo al oir la detonacion miro' al senor Idiarte Borda y viendo que se colocaba las manos en el pecho le pregunto' que tenia, manifestando el presidente que se moria.

Monsenor Soler le dijo entonces, "quiere que le de' la absolucion senor presidente?" a lo que el herido contesto' afirmativamente. "Dispongase entonces", le dijo el digno Prelado, "haga arrepentimiento de todos sus pecados e invoque el nombre de Dios".

El senor Idiarte Borda, dijo entonces "Dios mio!", esas fueron sus ultimas palabras pues fallecia en momentos que nuestro Metropolitano lo absolvia echandole la bendicion papal, para lo que tiene autorizacion especial que le ha concedido Su Santidad en su ultimo viaje a Roma.

Mientras esto sucedia, dificil es narrar lo que ocurria.

El presidente de la Republica caia en brazos del Arzobispo de Montevideo, y del presidente de la Camara, senor Stewart, herido mortalmente; siendo sostenido por detras por el coronel Rosendo Ferreira, que seguia de cerca a aquel funcionario. El coronel Borda, hermano del presidente, dandose cuenta del crimen cometido, echaba mano a su revolver y atropellaba al autor del hecho, mientras una voz, que se dice fue' la del juez de instruccion doctor Bastos, lo detenia diciendole: "No lo mate! Y menos usted coronel!"

Al propio tiempo, porque todo esto ocurrio' simultaneamente, la escolta presidencial cargaba a lanza y sabel el grupo que estaba estacionado en la vereda del Bazarcito y del Jockey Club, y entre el cual se encontraba el heridor del senor Borda, produciento el desbando consiguiente y el panico en el resto de la concurrencia que habia en la plaza.

Un soldado de la escolta, que seguramente vio' la accion del sujeto que hizo el disparo, revolco' la lanza en lo alto y lo atropello' con el intento de herirle, siendo detenido por el ministro de la Guerra, general Luis E. Perez, que exponiendose a ser herido, echo' mano al arma de aquel y le impidio' realizara su proposito. Entretanto, un agente de seguridad llamado Ricardo de la Sota, que tenia encargo de vigilar de cerca al presidente de la Republica, se abalanzaba al heridor y le apuntaba con su revolver a la cabeza, siendo tambien detenido por el ministro de la Guerra, general Perez, que le quito' el arma y le volco' las balas, rapidamente, procediendo en seguida a desarmar al homicida y entregarlo a la autoridad. El momento fue' de confusione.

El senor Idiarte Borda, que primero habia caido sobre lo brazos del senor Arzobispo, quedo' durante un momento casi de rodillas. La carga que hizo la escolta fue' tan brusca, que trataban de auxiliar al herido y detener al heridor. La escolta avanzo' sobre el grupo y obligo' a Monsenor Soler a refugiarse entre las piezas de artilleria para evitar que lo atropellaran los caballos.

Preso el heridor, se recogio' el cuerpo y se le traslado' a la jefatura politica, siendo conducido por don Duncan Stewart, el coronel Borda y el general Flores. El ministro de Gobierno procedio' con gran entereza, lo mismo que el jefe politico, que se hicieron cargo del homicida y lo llevaron a la carcel central.

De las muchas versiones que han circulado respecto a el modo en que fue' muerto el senor Idiarte Borda, esta es la que conceptuamos mas veridica.

Preso el heridor y despejado algo el sitio donde ocurrio' el suceso, se trato' de llevar al senor Borda a la jefatura politica. Se le tomo' en brazos y se le condujo cuidadosamente al despacho del secretario del jefe politico, senor Benjamin Fernandez y Medina, colocandosele en un sillon que alli' existe.

El cuerpo fue' guardado por la escolta. Ya estaba muerto! Inmediatamente entro' el doctor Aulicini y un practicante del Hospital de Caridad y trataron de ver si le quedaba aun un resto de vida. Se creyo' que no abia espirado todavia, pero pronto se constato' la horrible realidad. Se le desabrocho' la pechera, que aparecia manchada de sangre, y se constato' que bala habia penetrado entre la cuarta y quinta costilla, yendo a fijarse en lo que se llama cayado de la orta. El tiro fue' disparado de cerca, y el proyectil entro' oblicuamente, produciendo una hemorragia interna que causo' la muerte casi instantanea. El rostro adquiro' un tinte palido y los miembros adquirieron la rigidez del cadaver. El doctor Fernandez Espiro, que tambien concurrio' a la jefatura, extrajo' conjuntamente con otros facultativos el proyectil homicida. Momentos despues el cadaver era pasado al despacho del jefe politico, siendo cubierto con la bandera del batallon Urbano.

Mas tarde se acordo' llevarlo a la casa de la familia subiendolo a la casa de la familia subiendolo al carruaje el senor Gregorio Sanchez y el senor Alfredo Nebel, que lo acomodaron en el, colocandolo en el asiento de atras; el de adelante lo ocupaba el joven Juan Idiarte Borda, que llego' al cabildo momentos antes y que conocio' la noticia del modo mas casual.

Fue el primer miembro de la familia que supo la fatal nueva.

Realizado su intento, el asesino fue' rodeado por un grupo compacto de gente, lo que impidio' que uno de los lanceros de la escolta lo ultimara y consiguio' que solo le hiriera levemente de un puntazo en la cabeza y otro en el hombro derecho.

Mientras el soldado se obstinaba en matarlo, se oyeron voces de "que lo mate", "que no lo mate". El ministro de Gobierno intervino entonces y el lancero ceso' en su empeno.

Arredondo aparentaba la mayor sangre fria y cuando se hicieron cargo de el los empleados de policia senores Russo, Salmeron, Rousserie y Resucho, cuentan que les dijo: "No se apuren, yo no me voy".

Una vez en el Cabildo fue' conducido a un calabozo con las formalidades de practica.

En seguida el juez de instruccion doctor Bastos principio' a levantar el sumario y he' aqui' los datos que hemos podido recoger en buena fuente, referentes a las declaraciones del asesino: "Es un hecho aislado", dijo, "en el cual no hay nadie comprometido. Yo acariciaba desde ahce seis meses mas o menos, la idea de matar al presidente de la Republica, y a fin de no comprometer a nadie, vivo desde entonces apartado de mis relaciones".

Preguntando sobre cual era la causa que lo habia inspirado a atentar contra la vida del presidente, dijo: "Lo he hecho porque entendia que asi' haria la felicidad de mi pais; no tenia con el ni con los sayos mingun resentimiento personal".

Preguntando a que partido politico pertenecia, dijo ser colorado, pero, ni exaltado ni intransigente, y agrego', que condanaba la revolucion y que a si juicio el anarquismo era un crimen.

Todo esto lo dijo con el tono de un hombre convencido y acusando una presencia de animo sorprendente.

Respecto del arma nada se le ha podido hacer declarar, pues se limita a decir que la encontro' tirada en la calle, cargada con las doce balas de que estaba munida.

Dejo' entrever tambien que el fracaso del atentado de Rabecca contra el senor Idiarte Borda, fue' lo que le hizo demorar hasta anteayer la consumacion del suyo.

En la casa mortuoria

En el gran salon que da' a la calle 18 de Julio se habia levantado la capilla ardiente, era muy sencilla. Solo el frente del salon estaba tapizado de negro. Durante todo el dia y la noche la casa estuvo muy concurrida.

Anteayer se permitia la entrada a todo el mundo. La concurrencia entraba por la puerta de la derecha y salia por la de la izquerda. Pero desde ayer de manana a las nueve solo se consentia a los amigos y conocidos. La vereda de enfrente estaba atestada de curiosos.

La casa estaba enlutada desde la puerta principal. En el extremo del salon principal transformado en camara ardiente,s e encontraba el cuerpo del ex-presidente, envuelto en la bandera nacional, estaba tendido en un magnifico feretro de jacaranda' forrado de seda violeta, con abrazaderas de plata.

El velorio estuvo muy concurrido hasta las 2 de la manana. Entre los concurrentes, se veia a los ex-ministros, senadores, diputados, diplomaticos, militares, empleados, etc.

Hacian la guardia de honor fuerza del 4^ de cazadores.

A las 4 de la manana quedaban en la sala muy pocas personas.

Han enviado tarjetas de pesame los senores Maximo Lira, Joaquin Leyte de Foyos, Guillermo Galli, Ramona C. Farias, Alejandro Vazquez, Juan A. Sarachaga, P. Paredes Morales, Adolfo del Campo, Leopoldo Mancini, Olegario Navas, Horacio Pineyrua, Eduardo Chiappori, Jose' Calatayud, Arturo E. Gonzalez, Eugenio F. Fraga, Solano Torres y Cabrera, Elena de la Bandera, Luis Arteaga, Antonio Lopez Calvete, Florencio Escardo', Fortunato Flores, Julian E. Igonnet, Camila M. de la Labandera, Ricardo Espalter, Angel L. Vidal, Emilio Dellepiani, Eradio Tribocci, Meliton Gonzalez, Alberto Fialho, Alejandro Paz, Le Prince Raoul Wrede, Eduardo Thornton, M. Romero Horne, Rodolfo Bernasconi, Henry des Portes de la Fosse, Hector Vazquez, conde Pedro Antonelli, Bernardo Suarez, Arturo V. Rodriguez-Cruz Cerezo, Mercedes L. de Montero, J. Arechavaleta, Otto Reil, Eugenio F. Fraga, Y. Larrain Irazabal, Le Baron F. de Metzingen, Jose' Barreira y Perez, Antonio Manzanedo, Carlos E. Rogberg, Miguel Wies, y otros.

1903, Avelino Arredondo en libertad

1903: Avelino Arrendondo, el matador de Idiarte Borda, en libertad

Avelino Arredondo raccontato da Jorge Luis Borges

El hecho aconteció en Montevideo, en 1897.

Avelino Arrendondo, ritratto

Cada sábado los amigos ocupaban la misma mesa lateral en el Café del Globo, a la manera de los pobres decentes que saben que no pueden mostrar su casa o que rehuyen su ámbito. Eran todos montevideanos; al principio les había costado amistarse con Arredondo, hombre de tierra adentro, que no se permitía confidencias ni hacía preguntas. Contaba poco más de veinte años; era flaco y moreno, más bien bajo y tal vez algo torpe. La cara habría sido casi anónima, si no la hubieran rescatado los ojos, a la vez dormidos y enérgicos. Dependiente de una mercería de la calle Buenos Aires, estudiaba Derecho a ratos perdidos. Y cuando los otros condenaban la guerra que asolaba el país y que, según era opinión general, el presidente prolongaba por razones indignas, Arredondo se quedaba bien callado. También se quedaba callado cuando se burlaban de él por tacaño.

Poco después de la batalla de Cerros Blancos, Arredondo dijo a los compañeros que no lo verían por un tiempo, ya que tenía que irse a Mercedes. La noticia no inquietó a nadie. Alguien le dijo que tuviera cuidado con el gauchaje de Aparicio Saravia; Arredondo respondió, con una sonrisa, que no les tenía miedo a los blancos. El otro, que se había afiliado al partido, no dijo nada.

Más le costó decirle adiós a Clara, su novia. Y lo hizo casi con las mismas palabras. Le previno que no esperara cartas, porque estaría muy atareado. Clara, que no tenía costumbre de escribir, aceptó el agregado sin protestar. Los dos se querían mucho.

Arredondo vivía en las afueras. Lo atendía una parda que llevaba el mismo apellido porque sus mayores habían sido esclavos de la familia en tiempo de la Guerra Grande. Era una mujer de toda confianza; le ordenó que dijera a cualquier persona que lo buscara que él estaba en el campo. Ya había cobrado su último sueldo en la mercería.

Se mudó a una pieza del fondo, la que daba al patio de tierra. La medida era inútil, pero lo ayudaba a iniciar esa reclusión que su voluntad le imponía.

Desde la angosta cama de fierro, en la que fue recuperando su hábito de sestear, miraba con alguna tristeza un anaquel vacío. Había vendido todos sus libros, incluso los de introducción al Derecho. No le quedaba más que una Biblia, que nunca había leído y que no concluyó.

La cursó página por página, a veces con interés y a veces con tedio, y se impuso el deber de aprender de memoria algún capítulo del Éxodo y el final del Eclesiastés. No trataba de entender lo que iba leyendo. Era librepensador, pero no dejaba pasar una sola noche sin repetir el padrenuestro que le había prometido a su madre al venir a Montevideo. Faltar a esa promesa filial podría traerle mala suerte.

Sabía que su meta era la mañana del día veinticinco de agosto. Sabía el número preciso de días que tenía que trasponer. Una vez lograda la meta, el tiempo cesaría o, mejor dicho, nada importaba lo que aconteciera después. Esperaba la fecha como quien espera una dicha y una liberación. Había parado su reloj para no estar siempre mirándolo, pero todas las noches, al oír las doce campanadas oscuras, arrancaba una hoja del almanaque y aliviado pensaba: un día menos.

Al principio quiso construir una rutina. Matear, fumar los cigarrillos negros que armaba, leer y repasar una determinada cuota de páginas, tratar de conversar con Clementina cuando ésta le traía la comida en una bandeja, repetir y adornar cierto discurso antes de apagar la candela. Hablar con Clementina, mujer ya entrada en años, por cierto no era nada fácil, porque su memoria había quedado detenida en el campo y en lo cotidiano del campo.

Disponía asimismo de un tablero de ajedrez en el que jugaba partidas desordenadas que no acertaban con el fin. Le faltaba una torre que solía suplir con una bala o con un vintén.

Para poblar el tiempo, Arredondo se hacía la pieza cada mañana con un trapo y con un escobillón, y perseguía a las arañas. A la parda no le gustaba que se rebajara a esos menesteres que por cierto eran de su gobierno y que, por lo demás, él no sabía desempeñar muy bien.

Hubiera preferido recordarse con el sol ya bien alto, pero la costumbre de hacerlo cuando clareaba pudo más que su voluntad. Extrañaba muchísimo a sus amigos y sabía sin amargura que éstos no lo extrañaban, dada su invencible reserva. Una tarde preguntó por él uno de ellos y lo despacharon desde el zaguán. La parda no lo conocía; Arredondo nunca supo quién era. Ávido lector de periódicos, le costó renunciar a esos museos de minucias efímeras. No era hombre de pensar ni de cavilar.

Sus días y sus noches eran iguales, pero le pesaban más los domingos.

A mediados de julio conjeturó que había cometido un error al parcelar el tiempo, que de cualquier modo nos lleva. Entonces dejó errar su imaginación por la dilatada tierra oriental, hoy ensangrentada, por los quebrados campos de Santa Irene donde había remontado tantas cometas, por cierto petiso tubiano que ya habría muerto, por el polvo que levanta la hacienda cuando la arrean los troperos, por la diligencia cansada que venía cada mes desde Fray Bentos con su carga de baratijas, por la bahía de La Agraciada, donde desembarcaron los Treinta y Tres, por el Hervidero, por cuchillas, montes y ríos, por el Cerro que había escalado hasta la farola pensando que en las dos bandas del Plata no hay otro igual. Del cerro de la bahía pasó una vez al cerro del escudo y se quedó dormido.

Cada noche la virazón traía la frescura, propicia al sueño. Y nunca se desveló.

Quería plenamente a su novia, pero se había dicho que un hombre no debe pensar en mujeres, sobre todo cuando le faltan. El campo lo había acostumbrado a la castidad. En cuanto al otro asunto... trataba de pensar lo menos posible en el hombre que odiaba.

El ruido de la lluvia en la azotea lo acompañaba.

Para el encarcelado o el ciego, el tiempo fluye aguas abajo, como por una leve pendiente. Al promediar su reclusión Arredondo logró más de una vez ese tiempo casi sin tiempo. En el primer patio había un aljibe con un sapo en el fondo; nunca se le ocurrió pensar que el tiempo del sapo, que linda con la eternidad, era lo que buscaba.

Cuando la fecha no estaba lejos, empezó otra vez la impaciencia. Una noche no pudo más y salió a la calle. Todo le pareció distinto y más grande. Al doblar una esquina, vio una luz y entró en un almacén. Para justificar su presencia, pidió una caña amarga. Acodados contra el mostrador de madera conversaban unos soldados. Dijo uno de ellos:

— Ustedes saben que está formalmente prohibido que se den noticias de las batallas. Y ayer tarde nos ocurrió una cosa que los va a divertir. Yo y unos compañeros de cuartel pasamos frente a “La Razón”. Oímos desde afuera una voz que contravenía la orden. Sin perder tiempo entramos. La redacción estaba como boca de lobo, pero lo quemamos a balazos al que seguía hablando. Cuando se calló, lo buscamos para sacarlo por las patas, pero vimos que era una máquina que le dicen fonógrafo y que habla sola.

Todos se rieron.

Arredondo se había quedado escuchando, y el soldado le dijo:

— ¿Qué le parece el chasco, aparcero?

Arredondo guardó silencio. El del uniforme le acercó la cara y le dijo:

— Gritá en seguida: ¡Viva el Presidente de la Nación, Juan Idiarte Borda!

Arredondo no desobedeció. Entre aplausos burlones ganó la puerta. Ya en la calle lo golpeó una última injuria.

— El miedo no es sonso ni junta rabia.

Se había portado como un cobarde, pero sabía que no lo era. Volvió pausadamente a su casa.

El día veinticinco de agosto, Avelino Arredondo se recordó a las nueve pasadas. Pensó primero en Clara y sólo después en la fecha. Se dijo con alivio: Adiós a la tarea de esperar. Ya estoy en el día.

Se afeitó sin apuro y en el espejo lo enfrentó la cara de siempre. Eligió una corbata colorada y sus mejores prendas. Almorzó tarde. El cielo gris amenazaba llovizna; siempre se lo había imaginado radiante. Lo rozó un dejo de amargura al dejar para siempre la pieza húmeda. En el zaguán se cruzó con la parda y le dio los últimos pesos que le quedaban. En la chapa de la ferretería vio rombos de colores y reflexionó que durante más de dos meses no había pensado en ellos. Se encaminó a la calle de Sarandí. Era día feriado y circulaba muy poca gente.

No habían dado las tres cuando arribó a la Plaza Matriz. El Te Deum ya había concluido; un grupo de caballeros, de militares y de prelados, bajaba por las lentas gradas del templo. A primera vista, los sombreros de copa, algunos aún en la mano, los uniformes, los entorchados, las armas y las túnicas, podían crear la ilusión de que eran muchos; en realidad, no pasarían de una treintena. Arredondo, que no sentía miedo, sintió una suerte de respeto. Preguntó cuál era el presidente. Le contestaron:

— Ése que va al lado del arzobispo con la mitra y el báculo.

Sacó el revólver e hizo fuego.

Idiarte Borda dio unos pasos, cayó de bruces y dijo claramente: Estoy muerto.

Arredondo se entregó a las autoridades. Después declararía:

— Soy colorado y lo digo con todo orgullo. He dado muerte al Presidente, que traicionaba y mancillaba a nuestro partido. Rompí con los amigos y con la novia, para no complicarlos; no miré diarios para que nadie pueda decir que me han incitado. Este acto de justicia me pertenece. Ahora, que me juzguen.

Así habrán ocurrido los hechos, aunque de un modo más complejo; así puedo soñar que ocurrieron.

Avelino Arredondo (quello del 1897) non e' analfabeta

"Suele decirse por la storia vernacula que Avelino Arredondo era analfabeto y que habia aprendido a leer y escribir en la carcel. Inclusive se ha descrito el perfil de Avelino Arredondo como el de un joven del interior, analfabeto. Lo que no se corresponde con lo que era su realidad. Del propio expediente penal y de las declaraciones se advierte que Avelino Arredondo leia y escribia correctamente, y que hasta gustaba la lectura. Su firma muestra inclusive una correcta escritura y caligrafia, disipando las dudas de que su signatura fuese dibujada" (Que solos se quedan los muertos, pagina 557)

Funes, el memorioso y pacifico Placido Risani

In un altro racconto di Borges, contenuto nel medesimo libro Finzioni, abbiamo le seguenti evidenze che Ireneo Funes possa essere ispirato alla figura di Placido Risani. Innanzi tutto il nome Ireneo:

Altra evidenza e' quella del noto brano in cui non e' possibile usare sempre lo stesso nome per indicare una entita' perche' la tale entita' non era sempre la stessa (quella delle tre e 14 minuti era differente da quella delle tre e un quarto), con il chiaro riferimento a Ireneo Funes che un momento dopo poteva essere Placido Risani e in altro momento ancora Avelino Arredondo, Elias Disney o un'altra ancora delle sue molteplici identita':

Particolarmente legato a Funes e' il messaggio segreto scritto pochi anni dopo l'uscita dal carcere di Avelino Arredondo in cui viene data "pronta risposta" al "signor Risani". Coloro che parteciparono alla veglia funebre del presidente Idiarte Borda, vengono associati a dei numeri seguendo l'elenco presente nel quotidiano "El Bien" del 27 agosto del 1897:

El Bien de Montevideo, 27 de agosto de 1897

El Bien de Montevideo, 27 de agosto de 1897

Mensaje secreto (Avelino Arredondo)

Prontarisposta - Alssenor Risani

Nel racconto scritto da Borges abbiamo che Funes, il placido protagonista del racconto, associa anche lui particolari numeri alle persone:

E' importante notare che tra i "numeri" elencati c'e' anche Luis Melian Lafinur che fu colui che difese in tribunale Avelino Arredondo. E' proprio Lafinur il protagonista di un ulteriore "messaggio segreto" la cui evidenza e' rimasta nell'ombra piu' di cento anni... Quella che sembra una innocente dedica e' invece la precisazione che Lafinur e' il "mandante" (el "instigador")...

El instigador del asesinato (il mandante)

In una fotografia di Arredondo in divisa militare, custodita nella Biblioteca Nacional, e' visibile in basso la data 1904, mentre in alto c'e' la dedica "A mi querido ex comandante Dr. Don Luis M. Lafinur".

il mandante (dell'assassinio di Iduarte Borda) e' il dottor Don Luis M. Lafinur, el instigator (del asesinato de Iduarte Borda) es el Dr. Don Luis M. Lafinur

Il perfetto allineamento a destra delle tre righe della dedica significa chiaramente che Arredondo voleva che la scritta fosse esattamente suddivisa nel seguente modo:

Infatti, sarebbe stato normale arrivare alla parola "ex" e iniziare nella seconda riga la parola "comandante". E anche nel caso che fosse arrivato alla fine della prima riga con le prime due lettere co- di comandante risulta strano che abbia con precisione individuato il punto dove iniziare la seconda riga arrivando ad allinearsi perfettamente a destra con la riga superiore.

Tutto suggerisce quindi che Arredondo conosceva benissimo la lingua italiana e abbia studiato a tavolino il "messaggio segreto" con cui indicare il "mandante" dell'assassinio del presidente dell'Uruguay. La seconda riga infatti risulta perfettamente in lingua italiana e significa "il mandante (dell'assassinio) e' il dottor Don Luis M. Lafinur":

El presidente Tomas Berreta

Tomas Berreta, presidente de Uruguay, es el sobrino del cunado del cunado de Placido Risani:

Tomas Berreta, presidente de Uruguay, es el sobrino del cunado del cunado de Placido Risani

Quien es Avelino Arredondo?

Avelino Arredondo

  • Quien es Avelino Arredondo?
  • Chi e' Avelino Arredondo?
  • Who is Avelino Arredondo?

Avelino Arredondo

Francesco Risi Heinrich von Battenberg Avelino Arredondo Gado' (Placido Risani)
Lev Tolstoi e Vittoria Bonino (la giovane figlia di Ottavio Bonino e Maria Teresa Caterina Astesiano)
1858 1858 Nascita dei due gemelli a Santa Giulia il 3 ottobre 1858
1858 1858 1858 Teresa e Ottavio Bonino portano i gemelli a Savona per battezzarli (uno viene chiamato Francesco, il santo del 4 ottobre, l'altro Placido, il santo del 5 ottobre; uno viene chiamato Francesco Risi e l'altro Placido Risani): il primo viene affidato alla famiglia Magiotto di Stella mentre a Milano viene dichiarata la nascita e viene battezzato a Chiaravalle, che sia presente o meno, Heinrich von Battenberg
1858 1858 Viene dichiarata a Santa Giulia il 8.10.1858 la nascita di Vincenzo, figlio dei Dematteis di Santa Giulia che a Montevideo erano proprietari del magazzino dove lavorava Avelino Arredondo
1858 1858 Viene dichiarata a Dego il 20.10.1858 la nascita di Carlo Dogliotti ("Ca.Do."), figlio dei Dogliotti che arrivati a Montevideo andarono a trovare in carcere Avelino Arredondo (la madrina di Giorgio Carlo Dogliotti e' "donna Giorgia dei marchesi Del Carretto")
1859 L'identita' di Vincenzo Dematteis termina con atto di decesso dell'8 agosto 1859 in cui si specifica che Vincenzo muore nella casa Gruppi (dove abitava Placido Risani) e non nella casa di Pianseta dove abitavano Pietro Dematteis e Maria Teresa Abbate (i genitori di Vincenzo Dematteis)
1884 Francesco Risi (gemello di Placido Risani) il 2.12.1884 (senza il consenso della madre della sposa) sposa Maria Constancia Angela Goresio e insieme a sua moglie emigra in Uruguay
1884 Ca.Do. (Carlo Dogliotti, "Charles Dogliaty") sposa Clara Maria Laugier in Francia
Carlo Dogliotti
Clara e' la fidanzata di Avelino Arredondo
Jose' Maria e Gioacchina sono i presunti genitori di Avelino Arredondo (Gioacchino e Maria sono il fratello di Ca.Do. e sua moglie)
1896 Heinrich von Battenberg, annoiato dalla quiete della casa reale inglese, chiede di poter servire la propria patria e si reca a combattere in Africa, ma muore per malattia il 20 gennaio 1896 su di una nave nei pressi della Sierra Leone
Heinrich von Battenberg, Avelino Arredondo
1897 1897 25 agosto 1897, nel corso della manifestazione per l'anniversario dell'Indipendenza, Avelino Arredondo uccide il presidente dell'Uruguay
1897 1897 El Presidente fue asesinado en plena calle Sarandi' a la salida de la Catedral, mientras se dirigia a ocupar su berlina, estacionada frente al club Uruguay
1897 1897 Montevideo, 25 de agosto de 1897, frente al club Uruguay instantes previos al magnicidio perpetrado por Avelino Arredondo
Avelino Arredondo viene processato e resta in carcere dal 1897 al 1902
1903 Se encuentra ya en libertad desde hace algunos días, el celebre protagonista de la tragedia política de 1897, que dio muerte al presidente de la republica uruguaya senor Idiarte Borda en las terribles circunstancias que son conocidas. La causa de Arredondo repercutio' hondamente en todas las clases sociales, habiendo una gran parte del pueblo oriental justificado su proceder, justificacion que llego' al sensacional límite de la absolucion por parte de los tribunales inferiores. Avelino Arredondo ha cumplido su condena en la carcel de Montevideo y es de suponerse que estos anos de reclusion habran influido favorablemente sobre su caracter.
1903 1903: Avelino Arrendondo, el matador de Idiarte Borda, en libertad
1903 Placido Risani nel 1903 torna a Santa Giulia dove Caterina Michelina Risani (figlia di Placido) nasce alla fine di settembre nella casa dei Gruppi
1904 Dopo aver vissuto quasi venti anni a Montevideo, Francesco Risi (gemello di Placido Risani) nel 1904 torna in Italia
1931 Viene dichiarata la morte di Avelino Arredondo

Bibliografia